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Por Ramón Peralta

César Sandino fue el héroe nicaragüense que luchó por la dignidad e independencia de su pueblo y que cayó asesinado bajo la mano del dictador Somoza. Con motivo de celebrarse el 125 aniversario de su nacimiento, voy a transcribir lo que escribió el destacado escritor y político dominicano, Juan Bosch, en 1944, mientras se encontraba exiliado en Cuba, sobre lo que fue Sandino. A continuación el texto, titulado “La Sangre de Sandino”, que fue publicado por la fundación Juan Bosch en República Dominicana. A continuación el texto sobre Sandino.

 

La sangre de Sandino tiene su precio que deben pagar ahora, Anastasio Somoza por haberla derramado y Nicaragua por haber presenciado impávida el asesinato de su héroe.

El altivo señor de las Segovias fue muerto por veinte miembros de la Guardia Nacional nicaragüense, que le asaltaron armados de ametralladoras cuando él abandonaba el Palacio de La Loma de Tiscapa, en la negrura de la noche, después de haber tenido una entrevista con el presidente Sacasa. Lo asesinaron por la espalda, como a un traidor, él, que había sido la encarnación de la dignidad continental.

No podía ser de otra manera: los cobardes matan siempre así, y esos cobardes eran, además, unos judas de la conciencia nacional nicaragüense. Junto con Sandino cayeron  esa noche su hermano Sócrates y sus ayudantes, los generales Estrada y Umanzor, que le acompañaban; el ministro del Trabajo de Nicaragua, Dr. Sofonías Salvatierra, que iba con ellos, salvó la vida porque atinó a guarecerse bajo el automóvil.

El asombro continental siguió al asesinato. En muchos países se pusieron a media asta las banderas, y el sentimiento americano cayó de bruces, hundiéndose en la sombra de la desesperación. Se repetía, a los cien años, el caso de Sucre, muerto villanamente por orden del general Flores. Y como entonces, el asesino del héroe nicaragüense no tardaría en escalar la presidencia de la República, igual que Flores la de Ecuador. Pues el hombre que ordenó el crimen de Managua fue Anastasio Somoza, actual jefe del Ejecutivo de Nicaragua.

Lo dijo él mismo poco tiempo después, cuando, ebrio a causa de las numerosas libaciones con que se había festejado a sí mismo en un banquete, proclamó que había dispuesto la muerte de Sandino porque éste representaba un peligro para  la paz de su país. Hubiera dicho que era un peligro para las ambiciones de Somoza, y hubiera acertado. 

Anastasio Somoza, como Trujillo, se hizo militar sirviendo a la bandera norteamericana en la Guardia Nacional, organización militar constabularia fundada por los norteamericanos en Nicaragua sobre el modelo de la que habían dejado en la República Dominicana y en Haití. Hasta la jefatura de esa Guardia Nacional, muy bien nutrida y vestida mientras los verdaderos nicaragüenses padecían hambre y desnudez en las montañas de las Segovias, combatiendo a los invasores, trepó Anatasio Somoza gracias  a su figura de galán de cine y a su falta de escrúpulos para todo. Una dama lo aupó; tal dama era castellana en la embajada del país que entonces tenía en sus manos el destino de Nicaragua y de todos los nicaragüenses. 

Anastasio Somoza –“Tacho”, le llaman los “nicas”- era primo del presidente Sacasa y, una vez libre el país de las fuerzas norteamericanas, consideró que era tiempo de que él se sentara en la silla presidencial. Había un obstáculo grave en su camino. César Augusto Sandino, liberal, héroe nacional, hombre de carácter, iba a presentarse en las elecciones próximas. Somoza resolvió quitarlo de en medio y después quitar de en medio también a su primo, el presidente Sacasa. Mató a Sandino y enfangó su sangre; pagó libros para demostrar que el infatigable luchador había sido un bandolero; ordenó y manejó una campaña de difamación con la cual quiso cubrir la tumba de su víctima. El pueblo de Nicaragua no reaccionó y América contempló con dolorosa indiferencia toda la infame actuación de Somoza. Al fin, el jefe de la Guardia Nacional dio su postrer golpe; derrocó a Sacasa y se proclamó más tarde presidente del país.

Esto ocurría en 1936. De entonces acá Somoza se ha reelegido dos veces y se preparaba a reelegirse una tercera vez. Sin embargo, inesperadamente el dictador de Nicaragua encuentra que la reelección es un mal negocio y proclama que no se reelegirá más, que es contrario a la reelección, que dentro de dos años se retirará a la vida privada. 

¿A qué esta “patriótica” resolución del dictador de Nicaragua? ¿Cómo se explica que quien no titubeó en ordenar el asesinato de Sandino, y se confesó su responsable, haya descubierto de súbito sentimientos civilistas y generosos en las profundas simas de su conciencia? 

Nosotros creemos saberlo, y a su tiempo lo diremos. 


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